02
Mar
10

Código de Barras (Berbel en clave económica)

CÓDIGO DE BARRAS
Editorial Al-Harafishedita (Las Palmas 2006)

No tenia una mísera libreta
donde anotar
la economía del silencio,
el saldo inexistente,
los números rojos de los días.
‘Haber’, ‘Deber’,
¡qué verbos más cansinos!
Administrar momentos,
caricias y emociones,
no fue nunca mi oficio.
Un pagaré,
una letra a noventa días,
un cheque al portador
por cada uno de tus besos.
¿Dónde anotar
la economía del alma
más allá de mi almohada?

Analicé todas las etiquetas,
y los tramos de las inconveniencias
seguían pesando demasiado.
Las multinacionales de mis neuronas
estaban en bancarrota
y mis organizadores mentales
me pedían una reunión urgente.
Altos directivos de la conciencia
se ensañaron conmigo.
Los números cantan,
el déficit es insalvable.
Se barajaba
en la estadística de mi organigrama
sólo un frase:
“Última oferta, o lo tomas o lo dejas”.
Me dije mil cosas,
analicé hasta el milímetro
cualquier posibilidad,
los inconvenientes
seguían pesando demasiado,
entonces
aprendí la tarea
de amarte para siempre.

Cincuenta y tres enteros
al abrir las puertas
de la bolsa.
Suben mis acciones,
suben,
suben
hasta desempeñarse
en las numéricas realidades
de la imaginación.
Se dispar el interés.
Se tensan las tensiones.
¡La ruina!
Pero a esta edad
qué importarán las cosas,
las palabras, los logaritmos.
Sigo y sigo.
No vendo.
No vendo.
No vendo.

Nunca pensé que llegarías
como un cheque en blanco al portador
sin firma,
como un reintegro mal pagado,
como una quiniela sin echar a tiempo;
como el perfume de un estuche,
olvidado y vacío.
Y sí, y claro que sí,
yo esperaba encontrarme
el cupón de los ciegos,
tu ticket de la guagua,
la lista de tu compra,
un mensaje en el móvil,
dos palabras sencillas
y que se cumplan,
y que se cumplan ambas
y que ardan los papeles,
tú y yo.

Hoy voy a decirte que te quiero.
Contra todo pronóstico económico,
contra el precio real
de este inmueble insolvente.
Sin tramitar siquiera
la escritura
de ser dueña de nada.
Sin tener que tasar
ninguna propiedad aparente.
Sin ningún interés a plazo fijo.
Por allá de tus olas,
Sin más cartera de inversiones
que sentir este desorden financiero.
Sin fecha de vencimiento, amor mío.
Sin amortización alguna.
Ya sabes,
contra todo pronóstico.
Hoy voy a decirte que te quiero.
Como hace mil siglos.

Se registra un crédito
en el estado de cuentas
de las emociones,
un incremento financiero
a flor de piel,
un compromiso de pago
por el sabor de cada día .

Reina de las finanzas
me deslizo sin comisión
por la hendidura de tus labios.

Así sigo soñando
con los valores del mercado
que tiene el paraíso mío,
esta inversión extraña
sin tiempo límite,
que se amarra al futuro
donde ya sólo cuenta
cualquier eternidad
en el buró de crédito.

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