Archivo para 7 enero 2010

07
Ene
10

Agustín Millares Sall

NO VALE

Te digo que no vale
meter el sueño azul bajo las sábanas
pasar de largo, no saber nada
hacer la vista gorda a lo que pasa
guardar la sed de estrellas bajo llave

Te digo que no vale
que el amor pierda el habla
que la razón se calle
que la alegría rompa sus palabras
que la pasión confiese: Aquí no hay sangre

Te digo que no vale
que el gris siempre se salga
con la suya, que el negro se desmande
y diga “cruz y raya”
al júbilo del aire

Vuelvo a la carga y digo: Aqui no cabe
esconder la cabeza bajo el ala
decir “no lo sabía”, “estoy al margen”
“vivo en mi torre solo” y “no sé nada”

¡Te digo y te repito que no vale!

CONTIGO

¿Qué es lo que buscas, amigo,
con los ojos en la mar?
Caminos libres, amigo,
donde poder caminar.

Sólo yo te puedo dar
esos caminos, amigo.
Ven conmigo.

¿A dónde quieres llevar
la voz de mi sangre, amigo?

Al corazón popular.
Soy el pueblo, el pueblo, amigo,
y conmigo has de llegar
bien lejos… vente conmigo.
Ven, te digo.
Vamos juntos a cantar
la gozosa pleamar
de la paloma y del trigo.

Dame pronto el brazo, amigo
que comienzo a despertar.
Voy contigo.

CARTA ESPECIAL

Me han echado al correo
del oído
una carta de sueños.
Lleva un matado sello
de urgencia en los latidos
y un lacrado misterio.

Cuando me abras
– me ha dicho-
no des el contenido
a cualquier pelagatos que hable en serio;
no permitas que el viento
me destape.(pudiera tener frío)

Échame al fuego
antes que me de alcance un ojo ciego,
o envenene mi sangre el turbio río
que turba la razón de medio a medio.

Letra por letra, entrégame ahora mismo
a quien merezca levantar el vuelo,
a quien sea digno
de encontrarse en cueros
frente al mar donde empieza el infinito.

El alba está en camino
No hay que temerle al tiempo
que está por escribir. Témele al miedo
que sigue estando escrito
en la orilla de todo pensamiento.

Abre la carta y lee (lo que digo
es un secreto a voces). Doy por hecho
que me dirás un día: estoy contigo
(Lo que se llama un hombre hecho y derecho)

ELEGÍA A LA VOZ DE MI PADRE

El tiempo se va y no espera
que yo le diga mi amor.
Me abandona toda estrella
-incluso la que orientó
mis pasos sobrela tierra-
y, hasta de tanto dolor,
el mismo dolor me deja;
mas no
el mensaje de tu lengua
que, aunque vuela el ruiseñor,
en mi corazón se queda.

Me dejan de dar calor
las ilusiones, se alejan
de mi los rayos del sol,
los sueños cantan su ausencia
y todo me dice adios;
mas no
tu voz
que, aunque vuela,
se queda en mi corazón.

Me dicen que tengo hoy
que comprenderlo en silencio
y no lo comprendo, no.

Haría falta primero
para que no te oiga yo
que dejara, vivo o muerto,
de ser, padre, lo que soy.

Niño fui, y aún sigue siendo
de un niño mi corazón.
Todavía tu canción
me abre las puertas del sueño
y, a la salida del sol,
entre dormido y despierto,
aún me despierta tu voz.

Si mis labios florecieron,
si a mi ser condecoró
con una herida de amor
la justa mano del tiempo, a tí, padre, te lo debo;
a tí, el mejor labrador
ayer, de mis sentimientos
y más tarde, jardinero
de mi palabra aún en flor.

Hoy por mi vida interior
corre el río de tu verbo.
Con encendida pasión
como la sangre lo llevo
en la carne y en los huesos
y a su música me doy
como las llamas al viento.

Si entre las fauces de un trueno,
tu garganta se quebró,
mi corazón sigue lleno,
rebosante de tu voz
para que siga bebiendo
la luz de tu corazón.