16
Nov
09

ACABEMOS CON VERDUGO

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EL MITO DE LAS H E S P É R I D ES

Qué fué de las hermanas Atlántidas famosas?
¿Eran tres? ¿Eran cuatro?… Acaso fueron siete.
¿Quién esconde las áureas manzanas prodigiosas?
¿Dónde está el erudito que el misterio interprete?

Quizás a tí, poeta, que visionario glosas
quimeras enterradas, el enigma te inquiete;
pero… están en descrédito las eras fabulosas;
tal mito es un fantasma; puedes gritarle: «¡vete

o esfúmate a mis ojos!»… En el jardin canario
no encontré a las Hespérides ni al dragón sanguinario;
sólo vi el sol (Heracles) que se hundía en el mar,

huyendo receloso; y las pomas robadas
son… esas nubéculas ilusorias, doradas,
que las sombras crecientes no tardan en borrar…

Sicilia pequeña 113

¡Oh, remota ilusión!.. ¡Cuán dulcemente
me acarició al pasar!… Yo le decía:
«Te abriré los palacios de mi mente;
quiero que seas para siempre mía;
posa tus dulces labios en mi frente;
descansa junto a mi… ¡siquiera un día!»
Ella no me escuchó… Serenamente
vi como en lontananza se perdía.
¡Oh, borrosa ilusión, casi olvidada:
hoy surges ante mi, de gracia llena
en el fresco esplendor de la alborada,
y a la orilla del mar, sobre la arena,
eres brisa, perfume, luz dorada,
ojos risueños, juventud morena!

Manuel Verdugo (Huellas en el páramo)

U N A  R O S A  M U E R E . ..

En mi cuarto de célibe donde jamás hay flores,
hoy una rosa muestra sus pálidos colores
en frágil vaso de cristal;
la pobre flor perfuma con su lenta agonía
el tedio y el silencio de la estancia sombría
en una tarde plena de tristeza invernal.
Y pienso, un poco fatuo: aunque no soy mundano,
esa flor delicada me la entregó una mano
muy bella y temblorosa de emoción,
para que en la solapa sus pétalos luciese
y allí se adormeciese
oyendo el ritmo de mi corazón…
Bella prenda fragante que de mí he separado,
¡cuán pronto hubieras muerto sobre este pecho helado!
Un galante egoísmo, casta flor,
en el agua del vaso prolonga tu tormento…
¡Tendré el remordimiento
de quien asesinara lentamente a un amor!
¡Flores puras, tan débiles, tan débiles y hermosas,
en vosotras adoro y bendigo las cosas
inútiles que tienen que morir!
Y con secreta angustia
beso la rosa mustia
que se extingue soñando con cielos de zafir…
Manuel Verdugo

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